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vendredi 3 avril 2009

Dans un coin de la France...

Nos encontramos en algún salón de una lujosa mansión, un hotel parisino o un palacio, donde se discute sobre ciencia y las artes, las nuevas ideas y sobre política. Donde se reúne la gente del saber y cuando digo gente no me refiero solamente a los hombres sino también a las mujeres.
En estas reuniones es donde los hombres se alimentan del saber de las mujeres y ellas muestran su interés ante todos los campos del saber y demuestran su capacidad de gestión. Un ejemplo sería la ex madame d’Espinay que recibía a Diderot, madame de Tenain promovía el Espirit de Louis, un escrito de su protegido Montesquieu, Buffon frecuentaba las reuniones de madame Necker.
Pero vamos a dejarnos de explicaciones que la reunión va ha dar comienzo:
Y Olympia de Gouges que ya no puede retener más lo que tiene en su interior y lo que verdaderamente piensa, salta diciendo:
-Si la mujer tiene derecho a subir al cadalso, debe de tener también derecho a subir a la tribuna pública.
Otra mujer que la estaba escuchando con gran interés la apoya:
-Nosotras también sabemos manejar otras armas que el huso y la aguja.
Olympia al verse apoyada quiere seguir hablando:
-Mujeres despertad, reconoced vuestros derechos. ¡Oh mujeres! Mujeres ¿cuándo dejaréis de estar ciegas?
Hasta ahora os habéis dejado pisotear por el hombre. Reclamad vuestro patrimonio fundado sobre los sabios decretos de la naturaleza. Reuníos bajo los estandartes de la filosofía desplegad toda la energía de vuestro carácter y pronto veréis los resultados, ya no serviréis al hombre. Cualquiera que sean las barreras que os opongan está en vuestro poder franquearlas, solo basta con quererlo. Tenemos que dejar de ser inútiles en esta sociedad y depender siempre de un hombre, acabar con todo esto que las mujeres también tienen derechos.
Hegel que no pensaba lo mismo dijo:
-Los hombres son lo esencial.
Olympia no queriendo oír más de las habladurías del señor Hegel, salió.
Y el continúo silencio de los restantes miembros dio lugar al fin de la disputa.
Damaris Poenar

mercredi 25 mars 2009


HISTORIA SALONIÈRES

En 1788 las reuniones de los ilustrados eran cada vez más numerosas. Francia estaba en crisis económica y política y creían que estos problemas sólo se podían solucionar con el uso de la razón. En cada reunión de los famosos Rousseau, Voltaire, etc. había un grupo de mujeres menos conocidas. Uno de esos días estaban junto a ellos Olimpe de Gouge y Madame de Staël. Se sentaron en sus respectivos sillones para comenzar a debatir. Rousseau inició la reunión:

- La situación de la población francesa es cada vez más tensa y el rey no puede arreglar los problemas de los que se adolece nuestro país. En mi opinión deberíamos proponer soluciones y recogerlas en un libro y entregarle una copia al rey y otras a una de las personas representativas de cada uno de los estamentos que forman la sociedad y rogarles que usen nuestros pensamientos para subsanar Francia.

Simone de Beauvoir se mostró de acuerdo:

- Creo que podemos ayudar mucho a este país si nos hacen caso y creo que debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para mejorar la situación. En mi opinión, el rey no lo va aceptar, pero necesitamos copiar el parlamentarismo inglés realizando algunas mejoras.

Voltaire decidió que era el momento de intervenir:

- Está claro que una potencia mundial como Francia debe tener un sistema político donde los ciudadanos participen en el gobierno, es decir, debe ser una democracia.

Madame de Staël hizo su intervención:

- También deberíamos recoger la igualdad total que debe haber entre todos lo ciudadanos, acabando con los estamentos y la igualdad que debe existir entre hombres y mujeres terminando así con los antiguos valores discriminatorios, así que, esa tendría que tener sufragio universal.

Rousseau volvió a tomar la palabra:

- Entonces, todos conformes. Escribiremos ese libro con las ideas puestas en común en estas reuniones e intentaremos que sean aplicadas por el bien de Francia y de sus habitantes.

Día tras día fueron redactando todas las soluciones que habían ideado y mientras el libro iba tomando forma, cada vez veían más problemas en Francia que debían ser solucionados.

Ninguno de los asistentes a esas reuniones sabía que sus ideas serían la base de una revolución que cambiaría el mundo para siempre.

Como suponían, sus ideas fueron ignoradas, pero Luís XVI no esperaba que el pueblo reaccionase de esa manera y se vio sorprendido por una rebelión que se le escapó de las manos.

Pero eso ya es otra historia.

Darío Merino Díaz 4º C